Infancia marcada por motores
Desde pequeño, Gilberto quedó cautivado por el rugido de los motores y la emoción de las competencias. En 2020 tuvo su primera oportunidad como copiloto en la carrera Tormenta del Desierto. Nervioso y emocionado, vivió un debut intenso: un percance en Palo Escopeta los obligó a voltear el carro y buscar ayuda para continuar. Aunque lograron llegar a la meta, el tiempo no les permitió completar la segunda vuelta. Esa experiencia fue el inicio de un camino lleno de retos y aprendizajes.
El rol de copiloto
Para Gilberto, ser copiloto en una carrera como la Dos Mares 500 es una gran responsabilidad. Es “los ojos del piloto”: debe avisar sobre curvas, riesgos, carros detrás, revisar medidores, cambiar llantas con rapidez y estar atento al GPS. No hay margen de error, cada decisión puede definir el resultado.
Preparación y adaptación
Su preparación incluyó reconocer la ruta en dos recorridos, adaptarse al estilo de manejo del piloto y aprender a usar el GPS por primera vez. Los números y códigos se convirtieron en su lenguaje para comunicar curvas y zonas de riesgo.
Desafíos en la brecha
El polvo, las rocas y los arroyos fueron los principales obstáculos de la Dos Mares 500. A ello se sumaron momentos críticos: un amortiguador quebrado, el apagón total del carro en el cerro de la Gata, problemas con la flecha y finalmente la pérdida del diferencial en Álvaro Obregón, que los obligó a abandonar la competencia.
El apoyo de Nalu Hou
El patrocinio de Nalu Hou fue clave. Les permitió adquirir las luces necesarias para la carrera nocturna y cubrir la inscripción, apoyo que marcó la diferencia en su participación.
Aprendizajes y motivación
De esta experiencia, Gilberto se llevó dos grandes lecciones: mejorar su preparación física y dominar el uso del GPS. Más allá de lo técnico, lo que lo motiva a seguir es la pasión, la adrenalina de la afición y el compromiso de su equipo.
Los Cabos: escenario único
Correr en Los Cabos es, para él, una experiencia única. No solo por los paisajes, sino por la energía de la afición. Durante la carrera recibió saludos y ánimos constantes, y cuando quedaron fuera, la gente se acercó para ayudar, ofrecer alimentos y bebidas. Esa solidaridad es, dice, lo mejor de este deporte.
Mirando hacia adelante
Con la próxima competencia en mente, Gilberto se siente emocionado y listo. Sabe que será demandante física y mentalmente, pero asegura que estará al 110% para darlo todo en la brecha.

Escrito por Carlos Azpeytia